Cinco de la mañana, el insomnio ha vuelto a mi vida. Eso unido a la "pesadilla" de blogger, hacen que dude si conseguiré hacer que este post sea lo que pretendo, pero lo intentaré.
Por un lado comentar que yo fui una de las afortunadas que pudo colaborar comprando la camiseta de "Con dos... tacones" en apoyo del cáncer de mama.
Como sabéis no soy muy "egoblogger", sigo sin reconocerme en las fotos.
Teniendo en cuenta que las fotos me las hace Florentína, mi hija de 12 años a la que muchos conocéis por nuestro blog "madres VS hijas", la cual lo hace fantásticamente pero desconoce lo básico a tener en cuenta para obtener una foto, como es normal, entenderéis que prefiera mantenerme más en la sombra.
Pero como esta ocasión era especial decidí colaborar y por eso también decidí hacer algo especial. Confeccioné una falda ( que posiblemente nunca más usaré) haciendo un guiño al famoso lazo rosa de la campaña y customizé la camiseta con él también. Llamé a mi fotógrafa particular y "voila":
Aprovecho esta fotografía de una de mis cuñas favoritas, para deciros que soy muy optimista y por ello pienso que el mal funcionamiento de blogger de estos días me ha "obligado" a relajarme un poco con el blog y me ha permitido reflexionar sobre él.
Voy a retomar la idea de una sección en la que "todos" contemos anécdotas divertidas, o que nos hayan hecho pasar vergüenza relacionadas con la moda. Yo no tengo muchas, por eso espero que vosotros enriquezcáis los post con las vuestras.
Esta cuñas concretamente tenían un montón de tiras rosa por todo el pié. Por supuesto de enamoré de ellas a primera vista y las compré.
Me las llevé puestas del tirón. Los primeros metros, divinamente, a partí de ahí, la cosa cambió, cada paso, se iba desclavando una nueva tira y yo me dedicaba a clavar con los dedos la tachuela otra vez. (son artesanas, claro)
Al rato desistí y fuí guardando las tiras, ¡total tenia muchas!
En pleno cruce de carretera, en zona de playa 1 de la madrugada, es decir a tope, ¡ plof!, desaparecen las dos últimas tiras de una de ellas.
Una muy digna, continuó cruzando, eso sí, descalza, uaggg! pero solo de un pié, o sea, cojeando.
Cual Cenicienta, mi pareja recogió mis zapatos abandonados y con toda la dignidad que pude saqué mis "viejas" sandalias de la caja y me calcé con ellas.
¿Os ha pasado algo parecido a vosotros alguna vez?
Kind Regards
(Por cierto, seguidore míos, habeis desparecido, otra bromita de blogger, ¡imagino que volvereis!)





































